Esta
publicación articula la idea, que el aprender a aprender se asume desde un
enfoque competencial, mostrando cómo se construye en el propio proceso
de aprendizaje, a partir de las capacidades y habilidades que lo hacen
posible, y de su operacionalización mediante la autogestión del aprendizaje
a través de dos procesos complementarios:
Un proceso
lógico, vinculado a la secuencia del aprendizaje o apropiación del
conocimiento y la investigación formativa; y un proceso estratégico,
relacionado con la motivación, la toma de decisiones y la regulación consciente
del proceso.
Los procesos
lógico y estratégico de la autogestión del aprendizaje no constituyen
dimensiones separadas del aprender a aprender, sino la forma en que esta
competencia se pone en acción.
Capacidades que sustentan el aprender a aprender
Las
capacidades representan el potencial interno que se activa cuando nos
enfrentamos a un desafío de aprendizaje. Por lo cual, es importante
organizar el entorno para que surjan. No garantizan resultados por sí solas,
pero constituyen la base sobre la cual se desarrollan las habilidades.
Entre las
capacidades fundamentales se encuentran:
ü Motivación. Da sentido
al aprendizaje y activa los circuitos de atención y persistencia, sobre todo cuando
aparecen dificultades, para iniciar y culminar una tarea.
ü Conciencia
contextual. Ayuda a comprender las demandas de la tarea, con qué recursos se cuenta y
las condiciones en que se aprende, a fin de orientar el proceso.
ü Reflexión. Posibilita tomar
distancia de la experiencia para analizarla, extraer aprendizajes y resignificarla.
ü Autorregulación. Permite
planificar, supervisar y ajustar el propio proceso de aprendizaje.
Estas
capacidades se activan de manera simultánea y dinámica en toda experiencia
de aprendizaje, sosteniendo tanto el proceso lógico como el estratégico. La mediación
docente orienta, modela y ofrece oportunidades para ponerlas en acción en
situaciones reales de aprendizaje.
Habilidades
que operacionalizan el aprender a aprender
Las
habilidades transforman el potencial en acción observable. Son aprendidas y
transferibles; por ello, la mediación docente es vital. Representan el modo
en que autogestionamos el aprendizaje en una situación concreta. Veamos…
* Pensar para
aprender. Aprender a aprender comienza con pensar la tarea. Esto implica comprender
qué se solicita y las demandas explícitas e implícitas, identificar el problema
de aprendizaje, relacionarlo con conocimientos previos y darle un significado
propio.
Aquí se ponen
en juego distintos tipos de pensamiento:
·
Analítico/crítico, para descomponer, evaluar y tomar
postura.
·
Reflexivo, incide en la toma de conciencia del propio proceso.
·
Estratégico, orienta la decisión de cómo abordar la tarea y
ajustar el camino.
· Sintético/creativo, permite integrar ideas y
transferir lo aprendido a nuevas situaciones.
* Indagar y gestionar
recursos: Una vez comprendida la tarea, necesitamos indagar. La indagación articula
percepción, lenguaje y pensamiento, y permite construir conocimiento con
sentido.
La indagación
permite:
Ø Observar
reflexivamente.
Ø Formular
preguntas relevantes.
Ø Buscar fuentes
pertinentes y contrastar información.
Ø Organizar y
sistematizar lo aprendido.
Ø Construir
conocimiento de forma activa.
Este proceso
culmina cuando el estudiante generaliza y transfiere lo aprendido a nuevas
situaciones.
* Tomar
decisiones y ajustar. Durante el proceso, tomamos decisiones constantes
sobre: Qué estrategia usar, por dónde empezar, cómo avanzar, cuándo ajustar,
replantear el camino o cambiar de enfoque.
Estas
decisiones se apoyan en funciones ejecutivas:
·
Planificación.
·
Control del progreso.
·
Flexibilidad cognitiva.
·
Toma de decisiones conscientes.
El aprendizaje
deja de ser lineal y se transforma en autogestionado.
* Comunicar
para tomar conciencia. La regulación del aprendizaje también se fortalece
cuando verbalizamos nuestro proceso. Explicar lo que se hace, argumentar
decisiones y dialogar, con nosotros mismos y con otros, favorece la visibilidad
del pensamiento y la toma de conciencia.
A esto se
agrega la metacognición, que se activa al:
Ø Monitorear el
propio desempeño.
Ø Evaluar
procesos y resultados.
Ø Reconocer qué
estrategias funcionan.
Desde la neuroeducación, este momento consolida el aprendizaje profundo y transferible.
Hemos identificado habilidades de pensamiento, de indagación o investigativas y comunicativas, las cuales engloban lo estratégico y lo metacognitivo.
Cuando
aprendemos a aprender dejamos de ser pasajeros y nos convertimos en pilotos de
nuestro propio desarrollo vital.
Integración: De la potencialidad a la competencia
Cuando pensamos, indagamos, comunicamos y reflexionamos de manera articulada, en una misma experiencia de aprendizaje, las capacidades y habilidades se transforman en la competencia.
|
Ejemplo |
Un estudiante debe realizar un proyecto de
investigación sobre un problema ambiental local |
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El estudiante no solo hace el proyecto, aprende a organizar su aprendizaje, reconoce qué estrategias le funcionan y cómo puede transferir ese modo de aprender a otro contexto.
Cuando el estudiante articula indagación, pensamiento y comunicación, su
cerebro no solo retiene datos, sino que crea estructuras para aprender a seguir
aprendiendo.
En definitiva,
desarrollar la competencia aprender a aprender implica formar personas capaces
de pensar con profundidad, indagar con autonomía, reflexionar y comunicar con
conciencia.
Es un proceso
continuo que se construye a lo largo y ancho de la vida y que permite aprender conscientemente
más allá del aula, con sentido y propósito.
Cuando la autogestión del aprendizaje se vuelve habitual, la competencia aprender a aprender se convierte en una forma de estar en el mundo.
Imágenes generadas por la IA para esta publicación
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