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¿Es clave el docente para una educación de calidad? Reflexión sobre su formación


Mucho se ha hablado de la importancia del docente para la obtención de una educación de calidad y del reconocimiento que éste no está preparado para asumir los retos que el presente y el devenir histórico le deparan, por lo que se les dificulta asumir otra actitud distinta a la requerida ante sus estudiantes. (De la educación tradicional a la innovadora, atravesar el umbral)

Una educación de calidad expresada en el valor social de los conocimientos y en la capacidad de los estudiantes para aprender a aprender, a ser y a emprender, de forma que se autopotencien y puedan transformar la sociedad en términos de un desarrollo sustentable, siguiendo la opinión de algunos autores, entre los cuales podemos mencionar a Didriksson[i].

Esa preparación es una responsabilidad directa de las instituciones formadoras, que aún parecieran manejar categorías dadas sobre un conocimiento transmitido desde el que lo posee (el que enseña) al que no lo tiene (el que aprende, futuro docente). La mejora se dará cuando se establezca un cambio pertinente en este proceso de formación docente, asumiéndolo como la ayuda pedagógica que debe prestársele en su encuentro con el conocimiento, en un lógico equilibrio entre la teoría, lo vivencial y la acción para la transformación social.

Para la formación del docente que la sociedad demanda, capaz de enfrentar las situaciones en forma proactiva hacen falta dos requisitos inseparables[ii]
La formación docente en la educación de calidad
Dos requisitos en la formación docente* 

1. Una actitud de búsqueda continua que permita ver y sentir los retos como un desafío y no como dificultad. 2. Las teorías que permitan orientar y dirigir la enseñanza, de forma que facilite alcanzar su desarrollo con probabilidades de éxito.


Esto corrobora la idea de una formación del docente cónsona con la historicidad, a la vez, que le prepare para el día a día en su quehacer, capaz de indagar y buscar soluciones a problemas de contexto y de estar siempre a la vanguardia en su área de conocimiento. Son las universidades las que deben liderar esta posición y cumplir con el encargo societal de su creación.

Implica además, que en cada asignatura se trate críticamente su marco teórico, la génesis con sus logros y obstáculos; se descubran las interacciones y confrontaciones existentes, los aportes y aplicaciones, efectos posibles, los recursos metodológicos; se analicen las teorías actuales y perspectivas. En definitiva, se evalúe lo que se ha hecho, su contextualización y viabilidad, sin olvidar las relaciones entre las mismas asignaturas y disciplinas representativas.

Es otra forma de estudiar la teoría, bajo una nueva mirada. Llevar a la práctica pedagógica los conocimientos así aprendidos requiere de la capacidad de integrar y crear. En la medida que esto se haga continuo a través de una actitud y aptitud investigativa, de manera que constantemente llevemos adelante acciones tendentes a comprender, organizar, comunicar y aplicar los conocimientos, se irá autorregulando este modo de proceder.

Debemos lograr una combinación entre lo teórico y lo práctico que habitúe al prospectivo docente a pensar, reflexionar y aplicar la heurística en los aspectos y problemas que inciden en el hecho educativo e interpretarlos tomando en consideración sus dimensiones espacio-tiempo e implicaciones futuras, a fin de proponer y validar acciones factibles.

Algunas de las acciones recomendadas son las realizadas en escenarios particulares de la profesión, que permitan la contrastación entre teoría, principio e hipótesis y la reformulación de las mismas; investigaciones, cooperación y trabajo en equipo; discusión y defensa de las tareas; diseño de proyectos; buscando siempre su inserción en los procesos pedagógicos desde la experiencia de formación.

Así, los docentes en formación pueden interactuar y reflexionar en y sobre una práctica desarrollada en el dominio de lo conocido y lo por conocer, de lo científico y lo cotidiano; contrastando percepciones y posiciones, para generar un aprendizaje significativo entre esos actores y autores del proceso. Lo cual debe reflejarse en el trabajo, en el aula, con sus propios estudiantes.

La función del docente es engarzar los procesos de construcción del alumno con el saber colectivo culturalmente organizado[iii] Para ello se necesita un docente que al interactuar con los estudiantes como mediador del aprendizaje afronte la realidad tan imprevisible, para lo cual debe estar preparado y actuar de acuerdo a lo previsto y a las circunstancias, producto de la interacción alumno-docente-contenido en una coordenada multidimensional.

Como mediadores de aprendizajes significativos y permanentes no podemos limitarnos a ser expertos en el contenido de nuestra asignatura. Es necesario tener, además, clara conciencia sobre los conceptos, objetivos, pasos y otros aspectos de los procesos cognoscitivos que entran en juego en la experiencia de aprendizaje[iv].

Agrega además la autora, en función de nuestra actuación como docentes que, debemos demostrarles a nuestros alumnos que somos capaces de tener un pensamiento organizado, expansivo y flexible, para movernos en forma lógica y analítica en la resolución de un problema; al mismo tiempo de dar entrada a diferentes tipos de información.

Lo anterior nos habla de la necesidad de actuar tal como pregonamos, en clara congruencia con el pensamiento, el sentimiento y su significado para la trascendencia en cuanto a su valoración y aplicabilidad en el escenario educativo y la vida misma; al mismo tiempo, de ser flexible y abierto ante los diferentes puntos de vista tendentes a propiciar con nuestros estudiantes discusiones críticas y creativas para aprender a aprender.

Entonces, el docente debe cambiar su quehacer educativo basado en una educación para la dignidad, abriendo las aulas al diálogo, a la reflexión; promoviendo la participación, la criticidad y la creatividad; formulando proyectos pedagógicos coherentemente dirigidos al establecimiento de una praxis autóctona y autónoma, defensora de los derechos y con compromiso ético.

Esta perspectiva debe primar en las instituciones formadoras, pero también es prioritario, que el docente desarrolle una actitud abierta para seguir construyendo conocimientos una vez egresado, aprenda a asumir su propia formación, con la finalidad de aprender permanentemente y estar actualizado a la par de los cambios que se van suscitando en su contexto.

Un aprendizaje que debe reflejarse en el aula y compartido con los pares. Ello enriquecerá la práctica educativa e irá en sintonía con una educación de calidad.




[i]  DIDRIKSSON, A. (2004). La universidad de la innovación. Una estrategia de transformación para la construcción de universidades de futuro.
[ii] SALAZAR-CORASPE, J. (2000). Una aproximación a los fundamentos teórico-metodológicos de una propuesta curricular para la formación del docente especialista en dificultades para el aprendizaje. Trabajo de ascenso a la categoría de agregado.
[iii] DÌAZ, F. Y HERNÁNDEZ, G. (1999). Estrategias docentes para un aprendizaje significativo. Una interpretación constructivista. México: McGraww-Hill.
[iv] HELLER, M. (1993). Arte de enseñar con todo el cerebro. Caracas: Editorial Biosfera
*Imagen de mohamed Hassan en Pixabay

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